¿Qué tiene de malo no ser Lautaro?

Si me dijeran que existe un candidato a diputado que se llama Lautaro lo primero que le sugeriría es que explotara su nombre haciéndolo sinónimo de un hombre de gran vitalidad con un coraje enorme, capaz de jugársela por quienes representa. Más aun en una zona como esta, en donde más se valora la cercanía, empatía y buena llegada con la gente que las características de tipo intelectual, más reporta un tipo bonachón con los pies en el barro trabajando codo a codo, que un pije brillante intelectualmente. Quizás estas últimas cualidades transformen al propietario de las mismas en un gran diputado, sin embargo son las primeras las que lo hacen ser un gran candidato.
Lo anterior en el caso de querer aportar al candidato, pues si quisiera lo contrario una buena táctica en política es callar y dejar que el contrincante cometa errores. Una crítica siempre puede dar luces al criticado de los errores que está cometiendo, lo cual puede favorecerlo si los sabe remediar. En este contexto toda crítica que se reciba debiera de entenderse en dos planos, la forma y el fondo. Pues bien, la columna que he leído, escrita por Mario Vilches y los comentarios de la misma develan ambos planos, dando luces acerca de las dificultades que debe enfrentar un candidato, ¡ojo, CANDIDATO! (una columna es una opinión personal, la verdad de quien la escribe, su percepción de las cosas y ello por tanto dado que es SU mirada, diferirá de las miradas de otros espectadores. Si llegáramos a tener miradas exactamente iguales, seriamos la misma persona, por ello una opinión personal intrínsecamente lleva sobre sus hombros la discordancia en cierta medida con otras opiniones).
Quien entra en política es un hombre público, y los actos que con el mismo carácter realice siempre serán objeto de uno que otro ojo inquisidor. Y eso es normal, quienes asisten a un acto de esta naturaleza no solo son los votantes del candidato o sus simpatizantes, sino también quienes se encuentran en una situación de indecisión y buscan encontrar su alternativa. Son estos últimos quienes en mayor medida podrán desilusionarse del candidato o reafirmar una postura inicial favorable. Las críticas que estos realicen por tanto, de un hombre público en un acto de libre concurrencia, no tienen porque no ser públicas, pues nadie haría reclamo alguno si las opiniones que de allí se concluyeran fuesen positivas. Todo esto en la forma.
Ahora, yendo al fondo. Lo que la columna expone son principalmente las falencias de un candidato y he aquí, en el cómo se afronta la crítica, la diferencia entre quien podrá ser un gran político y quien podrá ser un gran “lo que sea” menos aquello. Pues, el buen político buscará sumar. Jamás dirá que hay gente que no necesitamos. Y tampoco dejara a nadie sin una palabra que lo haga sentirse parte de, esa es precisamente la capacidad que diferencia a un buen candidato de un hombre común y corriente, el gran candidato tiene esa capacidad de ser un poco omnipresente con su elector.
Si bien pudiesen compartirse o no las opiniones de Vilches, creo siempre es bueno decir lo que se piensa especialmente en política, especialmente dentro de la Alianza, donde lo que circula en el inconsciente colectivo es la intolerancia.

Si me dijeran que existe un candidato a diputado que se llama Lautaro lo primero que le sugeriría es que explotará su nombre haciéndolo sinónimo de un hombre de gran vitalidad con un coraje enorme, capaz de jugársela por quienes representa. Más aun en una zona como esta, en donde más se valora la cercanía, empatía y buena llegada con la gente que las características de tipo intelectual, más reporta un tipo bonachón con los pies en el barro trabajando codo a codo, que un pije brillante intelectualmente. Quizás estas últimas cualidades transformen al propietario de las mismas en un gran diputado, sin embargo son las primeras las que lo hacen ser un gran candidato.

Lo anterior en el caso de querer aportar al candidato, pues si quisiera lo contrario una buena táctica en política es callar y dejar que el contrincante cometa errores. Una crítica siempre puede dar luces al criticado de los errores que está cometiendo, lo cual puede favorecerlo si los sabe remediar. En este contexto toda crítica que se reciba debiera de entenderse en dos planos, la forma y el fondo. Pues bien, la columna que he leído, escrita por Mario Vilches y los comentarios de la misma develan ambos planos, dando luces acerca de las dificultades que debe enfrentar un candidato, ¡ojo, CANDIDATO! (una columna es una opinión personal, la verdad de quien la escribe, su percepción de las cosas y ello por tanto dado que es SU mirada, diferirá de las miradas de otros espectadores. Si llegáramos a tener miradas exactamente iguales, seríamos la misma persona, por ello una opinión personal intrínsecamente lleva sobre sus hombros la discordancia en cierta medida con otras opiniones).

Quien entra en política es un hombre público, y los actos que con el mismo carácter realice siempre serán objeto de uno que otro ojo inquisidor. Y eso es normal, quienes asisten a un acto de esta naturaleza no sólo son los votantes del candidato o sus simpatizantes, sino también quienes se encuentran en una situación de indecisión y buscan encontrar su alternativa. Son estos últimos quienes en mayor medida podrán desilusionarse del candidato o reafirmar una postura inicial favorable. Las críticas que estos realicen por tanto, de un hombre público en un acto de libre concurrencia, no tienen porque no ser públicas, pues nadie haría reclamo alguno si las opiniones que de allí se concluyeran fuesen positivas. Todo esto en la forma.

Ahora, yendo al fondo. Lo que la columna expone son principalmente las falencias de un candidato y he aquí, en el cómo se afronta la crítica, la diferencia entre quien podrá ser un gran político y quien podrá ser un gran “lo que sea” menos aquello. Pues, el buen político buscará sumar. Jamás dirá que hay gente que no necesitamos. Y tampoco dejará a nadie sin una palabra que lo haga sentirse parte de, esa es precisamente la capacidad que diferencia a un buen candidato de un hombre común y corriente, el gran candidato tiene esa capacidad de ser un poco omnipresente con su elector.

Si bien pudiesen compartirse o no las opiniones de Vilches, creo siempre es bueno decir lo que se piensa especialmente en política, especialmente dentro de la Alianza, donde lo que circula en el inconsciente colectivo es la intolerancia.

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